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MardePress

Mar del Plata, jueves 6 de agosto de 2026
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DESIDIA QUE DUELE

Las tragedias tienen una particularidad incómoda: iluminan de golpe aquello que durante años permaneció en penumbras.

Ayer, la ciudad volvió a enfrentarse a una de esas escenas que nadie quiere ver y que, sin embargo, terminan revelando mucho más que un accidente. El hecho ocurrido en la Rambla de Mar del Plata, cuyas causas aún son materia de investigación, dejó un saldo imposible de relativizar: una joven de apenas 18 años perdió la vida y varias
personas resultaron heridas, algunas de gravedad.

Será la Justicia la que determine responsabilidades concretas. Habrá pericias, informes técnicos, declaraciones y expedientes. Pero mientras eso ocurre, existe una realidad que ningún marplatense necesita que le expliquen porque la vive todos los días.

Quienes utilizamos el transporte público conocemos de memoria sus falencias. Colectivos que circulan en condiciones cuestionables, frecuencias que rara vez se cumplen, unidades deterioradas, exceso de velocidad en numerosos recorridos y una infraestructura urbana que parece diseñada para poner a prueba la resistencia física
de pasajeros, choferes y vehículos. Calles rotas, baches eternos y trayectos que convierten cada viaje en una experiencia incómoda y, muchas veces, insegura.

También existe una responsabilidad empresarial que no puede ser ignorada. El servicio de transporte público no es solamente una concesión económica: es una actividad que implica trasladar miles de vidas todos los días. Cada unidad que sale a la calle transporta trabajadores, estudiantes, jubilados, niños y familias enteras. No transporta
números. Transporta personas.

Y del otro lado aparece el Estado. Porque cuando los reclamos se acumulan durante años sin respuestas efectivas, cuando las quejas de los usuarios se vuelven una rutina y cuando los controles parecen insuficientes o ineficaces, la pregunta deja de ser qué pasó ayer para transformarse en algo más preocupante: ¿cuántas advertencias fueron
ignoradas antes de llegar a este punto?

Doce horas después de la tragedia comenzaron a aparecer declaraciones, comunicados y dirigentes políticos frente a las cámaras. El oportunismo, lamentablemente, forma parte del paisaje contemporáneo. Pero quizás, esta vez, la exposición pública sirva para algo más que una fotografía o una entrevista.

Quizás sirva para que quienes tienen responsabilidades de gobierno controlen lo que deben controlar. Para que quienes tienen responsabilidades empresariales cumplan con lo que deben cumplir. Para que el debate sobre el transporte público deje de limitarse al valor del boleto y empiece a incluir la calidad, la seguridad y la dignidad del
servicio que reciben los ciudadanos. Porque cuando ocurre una tragedia como la de ayer, la sociedad suele buscar un culpable inmediato. Sin embargo, muchas veces los desastres no son producto de un único error sino de una larga cadena de desatenciones, negligencias, omisiones y decisiones postergadas.

La joven que perdió la vida ya no volverá a su casa. Esa es la única certeza irreparable. Todo lo demás, los discursos, las promesas, los comunicados y las explicaciones, solo tendrán valor si sirven para evitar que la próxima tragedia vuelva a escribirse sobre una parada de colectivo, una calle de la ciudad o la vida de otro marplatense.

Esta nota fue escrita por Cynthia Guti