La historia del trencito de Zanoli
Hay ciudades que se construyen con ladrillos y cemento. Y hay ciudades que se construyen también con la obstinación de ciertos hombres que se niegan a aceptar que algo hermoso se pierda para siempre. Mar del Plata tuvo, durante casi un siglo, sus tranvías. Los perdió. Y décadas después, un locutor de radio con más pasión que recursos decidió, casi solo, traerlos de vuelta desde el otro lado del océano.
Esta es la historia de Eduardo Zanoli y su trencito. La historia de una idea que cruzó el Atlántico, que rodó por las calles de Mar del Plata durante algunos años radiantes, y que terminó oxidándose en silencio en el fondo de un parque, esperando que alguien se acordara de ella.
La voz que construyó una ciudad
Para entender el trencito, hay que entender primero a Zanoli. Nacido en La Pampa pero marplatense por adopción desde hace más de ochenta años, Eduardo Zanoli es conductor de «Sonido», ciclo radial que comenzó el 2 de enero de 1970 y que se mantiene al aire de manera ininterrumpida, convirtiéndose en uno de los programas más longevos y representativos de la radio marplatense.
Pero Zanoli nunca fue solo un conductor de radio. Su labor social dio voz y presencia a los barrios y a las sociedades de fomento, integró a las colectividades en actividades culturales y sociales y aportó al fortalecimiento turístico de la ciudad. Como locutor y animador, fue el precursor de la radio hablada en Mar del Plata allá por la década de 1970, en la histórica Casa del Puente, cuando las estaciones pasaban música y el locutor del turno solo anunciaba los temas.
Era, en definitiva, el tipo de persona que no puede ver algo roto sin intentar arreglarlo. Ni algo perdido sin intentar recuperarlo.
Lisboa, 1992: la idea que llegó desde el otro lado del mar
En la década del 90, Zanoli creó el «Trencito cultural y turístico», un importante emprendimiento que él mismo encabezó, estimulado por su gran interés en los tranvías. Todo comenzó allá por el año 1992 cuando se enteró de que en Portugal ofrecían a la venta, a precio de remate, viejos coches que en Lisboa ya no se utilizaban.
La historia de cómo ese dato llegó a sus oídos tiene algo de providencial. Por intermedio de la gente del Club Portugués de Mar del Plata, Zanoli tomó contacto con la compañía Carris de Lisboa, que estaba entregando algunos de los vehículos que sacaban de circulación. Con la inquietud de colocar algo en Mar del Plata que pudiera ser un atractivo turístico e histórico, hicieron los trámites.
Y entonces Zanoli hizo algo que pocos harían: tomó un avión y se fue a Lisboa.
A lo largo de su vida, Zanoli había recorrido diferentes ciudades del mundo y había sido testigo del papel fundamental que los tranvías juegan en el transporte público. Con entusiasmo y algo de nostalgia, fue entonces cuando decidió que Mar del Plata debía tener la oportunidad de volver a experimentar ese legado.
Antes de 1995 ya estaban trayendo los elementos. Lograron establecer comunicación a través de gente que estaba en la organización de ese primer tranvía que llegó a Mar del Plata, junto con los elementos que fueron transportados en un barco desde Hamburgo.
Un tranvía de Lisboa, embarcado en Hamburgo, cruzando el Atlántico Sur, rumbo a Mar del Plata. Una imagen que parece sacada de una novela.
Los primeros rieles: el sueño en movimiento
El tranvía fue instalado en San Martín entre Yrigoyen y Mitre para que la gente lo conociera. Le pidieron al Diario La Capital y al propietario del Hotel Hermitage que lo exhibieran, y estuvo colocado durante mucho tiempo en exhibición. Era una invitación. Una declaración de intenciones. Un tranvía amarillo de Lisboa detenido en el corazón de Mar del Plata, como preguntándole a la ciudad si estaba lista para recibirlo.
La ciudad tardó en responder.
Con la colaboración de Ferrobaires y la municipalidad, se colocaron los primeros tramos de vía entre la Avenida Constitución y el Hogar Unzué. Si bien estuvieron funcionando durante un tiempo, era imposible mantenerlos en el lugar.
Pero Zanoli no se rindió. Llegó un segundo tranvía, en este caso todos los gastos de traslado fueron pagados por la gente de Orfei, empresa marplatense. Ante esta situación se decidió colocarlos, mediante ordenanza municipal, en Parque Camet, e ir poco a poco trayendo las vías hasta la Avenida Constitución.
Esta atracción funcionaba durante los fines de semana y feriados, ofreciendo recorridos a lo largo de un trayecto de aproximadamente dos kilómetros. Dos kilómetros de riel que valían por todo. Familias subiendo. Chicos mirando por las ventanas. El sonido metálico del tranvía doblando una esquina. Por unos años, Mar del Plata tuvo de vuelta algo que había perdido décadas atrás.
La decisión política que mató al tranvía
Se hicieron todos los cruces. Había unos mil metros de vías instaladas. Pero con la llegada del gobierno de Arroyo al Municipio de General Pueyrredón, se decidió que eso no tenía que seguir. Fue simplemente una decisión política y, a partir de ese momento, dejó de funcionar el tranvía.
Zanoli habló de eso con la serenidad dolorosa de quien ya no puede sorprenderse. Una decisión. Sin debate público, sin consulta, sin ceremonia de cierre. Un día el tranvía circulaba. Al siguiente, ya no.
Y lo que quedó fue todavía más triste. Los tranvías terminaron abandonados en las profundidades de Parque Camet. Los mismos vagones que habían surcado las calles de Lisboa durante décadas, que habían cruzado el Atlántico en un barco, que habían rodado por los rieles de Mar del Plata con familias adentro, quedaron inmóviles entre los árboles de un parque, oxidándose lentamente bajo la lluvia y el salitre.
La pelea que no termina
Zanoli siguió peleando. Siguió insistiendo con cada intendente, con cada funcionario, con cada persona que quisiera escucharlo.
«Yo sigo insistiendo, es muy fácil ponerlos en funcionamiento nuevamente, porque todo esto se hizo con el generoso aporte de mucha gente de Mar del Plata», repitió una y otra vez. «No hace mucho tiempo intentamos hacerlo pero lamentablemente no recibimos respuesta por parte de las autoridades municipales. No es demasiado el gasto, prácticamente es muy poco.»
El hombre y su legado
En noviembre de 2025, la Asociación Argentina de Gestores Culturales entregó a Zanoli un reconocimiento a su trayectoria, aprobado por unanimidad en el Honorable Concejo Deliberante de General Pueyrredón. La distinción fue impulsada por el concejal Ariel Ciano y surgió a partir de una iniciativa que destacó su dedicación incansable para fomentar la cultura e identidad local.
Discursos, aplausos, una plaqueta. El tipo de reconocimiento que las ciudades le dan a sus hombres extraordinarios cuando ya es tarde para darles lo que realmente pedían.
Zanoli lleva más de treinta años intentando que Mar del Plata recupere sus tranvías. Los trajo desde Lisboa. Los instaló. Los hizo rodar. Los vio apagarse. Y sigue insistiendo.
Mientras tanto, en algún rincón de Parque Camet, dos vagones amarillos que alguna vez subieron y bajaron las colinas de Lisboa esperan, con la paciencia infinita de los objetos que saben que durarán más que las excusas.
Nota realizada por Leandro Nebbia
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