Mar del Plata, 10 de febrero de 1984. La ciudad cumplía exactamente 110 años de su fundación. El aire estaba cargado de esa humedad pesada que anuncia tormenta, pero nadie imaginaba que el cielo estaba a punto de cobrar una vida en pleno entrenamiento. Era un día de pretemporada como cualquier otro para el plantel de Círculo Deportivo de Comandante Nicanor Otamendi, el “Papero”, uno de los equipos históricos del fútbol marplatense.
El sol todavía intentaba asomarse cuando los jugadores, dirigidos por el “Gallego” José Enrique Diez, saltaron al campo en las inmediaciones del complejo del Bigüá Rugby Club, en el Parque Camet. Entre ellos estaba Gustavo Abel Sterponi, conocido cariñosamente como “Cuchu”. A sus 24 años, era el capitán, el marcador central de férrea personalidad, el símbolo y el corazón del equipo. Llevaba la camiseta número 6 con orgullo. Había debutado en San José, brillado en Alvarado (donde fue clave en el campeonato de la Liga Marplatense que llevó al Torito al Nacional de 1978) y encontrado en Círculo su casa definitiva. Su hermano Alejandro también formaba parte del plantel. Su padre, Abel, había sido presidente de Alvarado. El fútbol corría por sus venas.
La práctica transcurría con normalidad. Corridas, ejercicios tácticos, risas entre compañeros. Pero el cielo, traicionero, comenzó a oscurecerse. Nubes negras se acumularon con rapidez. Una tormenta eléctrica se desató de repente sobre la costa atlántica. Los jugadores sintieron las primeras gotas y el retumbar lejano de los truenos. Algunos miraron al técnico, dudando si seguir o resguardarse.
Nadie alcanzó a reaccionar a tiempo.
En un instante fatídico, un rayo fulminante bajó del cielo como un latigazo del destino. Impactó directamente sobre Gustavo Sterponi. La cadenita que llevaba al cuello actuó como un conductor mortal. El joven capitán cayó al suelo sin vida, fulminado en el acto. El estruendo fue ensordecedor. El campo se convirtió en un escenario de horror. Dos de sus compañeros, Gustavo “Huevo” Sosa y Héctor Varzilio, resultaron gravemente heridos por la descarga eléctrica. El resto del plantel se salvó de milagro.
El Parque Camet, testigo mudo de tantas alegrías futboleras, quedó envuelto en un silencio roto solo por los gritos de desesperación. La noticia corrió como pólvora por Mar del Plata. Una ciudad que celebraba su aniversario se tiñó de luto repentino. El “Cuchu” Sterponi, un pilar del equipo, un joven lleno de vida y sueños, ya no volvería a pisar el césped.
Al día siguiente, el 11 de febrero, una multitud acompañó el cortejo fúnebre. Desde el centro de la ciudad hasta el cementerio, familiares, dirigentes, hinchas y compañeros caminaron más de veinte cuadras en un silencio cargado de dolor y respeto. El fútbol local perdía no solo a un gran jugador, sino a un hombre querido por todos.
A pesar del golpe, Círculo Deportivo encontró fuerzas para seguir. Ese mismo año se coronó campeón del torneo local y accedió al Torneo Nacional de 1985, la última gran participación de un equipo de la zona en la máxima categoría de entonces. Como si el espíritu de Sterponi los impulsara desde el cielo.
Hoy, más de cuatro décadas después, la historia de Gustavo Abel Sterponi sigue viva en la memoria del fútbol marplatense. Cada vez que una tormenta se acerca a los campos de la costa, muchos recuerdan con un escalofrío aquel 10 de febrero de 1984. Un día en que el cielo, caprichoso y cruel, se cobró la vida de un capitán que jamás abandonó la cancha.
El rayo duró un segundo. El recuerdo de “Cuchu” Sterponi, toda la vida.
Foto: historiadelfutbolmarplatense.blogspot.com
Nota realizada por Leandro Nebbia
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