Muchas veces hablar del pasado suena melancólico, ¿cierto? Se puede decir que caer en lo repetitivo de que “todo tiempo pasado fue mejor” es algo ya trillado.
En lo personal, creo que la mayoría de las veces recordamos lo que más nos gustaba de ese tiempo pasado, lo que no significa que hoy estemos peor que ayer.
Si hablamos de un cubo Rubik o del Pac‑Man, estaríamos recordando algo que nos identificó, pero lo cierto es que hoy las plataformas nos ofrecen juegos mucho mejores que los de 8 bits de los años 80. Sin dudas, estos juegos actuales no logran algo que sí lograban los primeros arcades o las primeras consolas familiares: el efecto sorpresa, la novedad. Solo pensar que podíamos tener un Family Game con varios juegos y que, si querías, podías apretar un botón y volver a empezar sin tener que suplicar que te compren otra ficha.
Compartir con los amigos en las salas de videojuegos era toda una experiencia. Seguro salías y veías a esa chica o ese chico que te gustaba. Si eras bueno en algún juego, captabas a tus primeros “seguidores” de la época, esos que se paraban detrás tuyo y veían cómo hacías magia con ese joystick y un par de botones para que el marcador siguiera hinchándose de números y así establecer un nuevo récord que, obviamente, llevaría tu nombre o apodo escrito en el primer lugar.
Esas reuniones mutaron a casas de familia y las salidas fueron más controladas. Los niños se juntaban, merendaban, cenaban y seguían jugando. Hoy eso cambió. ¿Los chicos se juntan? Sí, se juntan online. Unos auriculares y un micrófono los mantienen en contacto y comparten una misma sala de juegos de forma virtual. Eso, a los chicos de hoy, les parece extraordinario, cool, genial, súper o “de onda”.
Como lo quieras llamar, no es mejor que lo que nosotros teníamos: solo es diferente. Nosotros extrañamos ese momento —no todo— y ellos van a extrañar este presente.
Vos que extrañas y que no extrañas de esos tiempos?
Alberto «Beto» Codagnone
@betocodagnone



