Muchos no saben que la Radiestesia es una práctica ancestral que propone la posibilidad de percibir y medir energías sutiles presentes en personas, objetos y espacios. Aunque suele asociarse al uso de herramientas como péndulos, varillas de metal (bronce o cobre) o las famosas horquetas utilizadas por zahories para detectar flujos de agua subterránea, su fundamento principal reside en la sensibilidad del ser humano para captar vibraciones que no son visibles a simple vista.
Desde una mirada holística, la radiestesia parte de la idea de que todo ser vivo emite una frecuencia energética.
Cuando esta frecuencia se encuentra en equilibrio, se favorece el bienestar físico, emocional y mental, Sin embargo, distintos factores, como el estrés, conflictos emocionales o ambientes cargados pueden alterar ese equilibrio. Es ahí donde la radiestesia interviene utilizando los instrumentos como amplificadores de su percepción para detectar posibles bloqueos o desarmonías.
Lejos de ser una práctica mágica, quienes la ejercemos la consideramos una herramienta complementaria que puede acompañar procesos terapéuticos .Por ejemplo, puede utilizarse para armonizar espacios.
Si bien la radiestesia no cuenta con validación científica concluyente, su uso se ha extendido en ámbitos vinculados a terapias alternativas y al desarrollo personal. En este contexto, mas allá de creer o no en sus fundamentos, muchas personas encuentran en ella un camino de conexión con su intuición y una invitación a observar la realidad desde una perspectiva mas amplia e integradora.
Creo que la Radiestesia es como un puente entre lo tangible y lo sutil, abriendo interrogantes y despertando interés en quienes buscan nuevas formas de comprender la energía que nos rodea.
Esta nota fue escrita por Jorge Alaguibe. Comunicate con el!
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