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MardePress

Mar del Plata, jueves 3 de septiembre de 2026
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VIOLENTA ENTRADERA EN EL BARRIO SAN CARLOS

Mar del Plata volvió a estremecerse. Esta vez fue en el barrio San Carlos, donde Celeste y su familia vivieron 20 minutos de terror puro, un asalto que dejó a su marido brutalmente golpeado y a todos ellos en estado de shock. Una escena que, lejos de ser excepcional, se repite en una ciudad que siente que la inseguridad ya no es un riesgo: es una certeza.

“Fue como un apocalipsis”, dice Celeste, todavía con la voz quebrada. “Veinte minutos que se hicieron eternos”. En su casa quedó el eco de los gritos, el miedo y la violencia desatada por un grupo de delincuentes que irrumpió exigiendo dólares, plata, cualquier cosa. “Somos gente de laburo, hacemos malabares para llegar a fin de mes”, repite, como si todavía necesitara justificar lo obvio: no tenían lo que los ladrones buscaban.

La violencia desatada

Su marido fue el blanco principal. Intentó defenderlos y recibió una golpiza salvaje. “Le pegaron por todos lados. Piñas, patadas… agarraron el palo de hockey del nene y le daban con eso”, relata Celeste. Cada palabra es una imagen cruda.

Los delincuentes, según contó, mantenían comunicación con cómplices que estaban afuera. Un operativo improvisado, pero coordinado. “Vieron movimientos, un vecino que entraba y salía. Nosotros somos un grupo de vecinos unidos, atentos. Pero esta vez no alcanzó”.

El silencio después del horror

Cuando los agresores escaparon, llegó un silencio que pesaba más que los gritos. “Me fijé que no estaban, los vi subirse a la camioneta. Agarré el teléfono y salí a la calle”, recuerda.

Un vecino ya había alertado a la Policía. Los móviles llegaron rápido, y también el SAME. Celeste destaca el accionar policial: “Muy humanos, con mucha empatía. No tengo más que agradecimiento”.

El impacto en su hijo

El nene vio todo. “Me decía que me quedara tranquila mientras escuchábamos cómo molían a palos a su papá. Actuó con una madurez que no debería tener a su edad”, lamenta Celeste.

La familia aún no pudo sentarse a hablar. “Estamos en shock”, admite. Y cada mensaje de apoyo que reciben es un alivio momentáneo en medio de una herida que todavía sangra.

Una ciudad sin conducción

Celeste no esquiva el tema: “Nadie de la Municipalidad ni de la Provincia me llamó”. “Mar del Plata está atravesando un período de acefalía. Esto parece El Señor de las Moscas: todos contra todos”.

Su frase sintetiza el clima que se respira en la ciudad: vecinos organizados, barrios en alerta, familias que saben que pueden ser las próximas. Y un Estado que, para muchos, no está donde debería estar.